La solidaridad con el pueblo cubano es un acto de defensa del Caribe entero
En el Caribe compartimos territorio subacuático, el mar que nos rodea y una historia de colonización, resistencia, cultura y lucha por la autodeterminación de nuestros pueblos. Durante siglos, los imperios han intentado separarnos y levantar fronteras geopolíticas, generando alienación y desconfianza para impedir que nos reconozcamos como una región rica y poderosa, con intereses comunes y posibilidades políticas.
Hoy vuelven a hacerlo. Las recientes amenazas, declaraciones y propuestas orientadas a intensificar las sanciones, el aislamiento económico o cualquier forma de intervención contra Cuba constituyen una escalada peligrosa para la paz y la estabilidad de nuestra región. La agresión que el gobierno de Estados Unidos pretende adelantar contra Cuba no nace de nuestras necesidades como pueblo, no responde a nuestros intereses colectivos y tampoco tiene nuestro consentimiento. Lo mismo puede decirse del pueblo estadounidense. Su gobierno pretende utilizar nuestro suelo, nuestros puertos y espacio aéreo para una confrontación que se nos impone mediante el colonialismo. Rechazamos que Puerto Rico se utilice como bastión militar para amenazar, castigar o intervenir en otros pueblos caribeños con quienes compartimos lazos históricos, culturales y políticos.
La agresión contra cualquier pueblo del Caribe es una agresión contra toda la región. Actualmente, Estados Unidos mantiene una política de sanciones económicas y restricciones comerciales contra Cuba que impide su acceso al comercio internacional, al combustible, a insumos esenciales y a mecanismos financieros globales, con consecuencias directas para las condiciones de vida de la población cubana. Estas medidas coercitivas han sido rechazadas durante décadas por la amplia mayoría de la comunidad internacional y constituyen una forma de castigo colectivo incompatible con los principios de convivencia pacífica entre los pueblos.
La amenaza de una intervención militar, así como la profundización de políticas de asfixia económica, van en contra de la paz, de los principios fundamentales del derecho internacional, del principio de no intervención y del derecho de los pueblos a determinar libremente su destino. Por eso nos compete denunciar y resistir esta violencia de Estado, así como todo intento de invadir, castigar o someter a islas hermanas del Caribe.
Cuando utilizan nuestro territorio para amenazar a Cuba, también amenazan la posibilidad de un Caribe soberano, libre de intervenciones militares, de dominación extranjera y de relaciones coloniales. Nuestra solidaridad con el pueblo cubano es un acto de defensa propia, de memoria histórica y de afirmación de que el Caribe comparte un destino común.
Repudiamos las políticas racistas, autoritarias e imperialistas promovidas por la administración de Donald Trump y denunciamos la complicidad del gobierno de Puerto Rico al permitir que nuestro país sea utilizado para fines militares y estrategias de confrontación ajenas a los intereses de nuestro pueblo. Reconocemos que las políticas de hostilidad hacia Cuba no son exclusivas de una sola administración, sino que forman parte de una estrategia de largo aliento que distintos gobiernos estadounidenses han sostenido durante décadas.
Reafirmamos el derecho del pueblo cubano a vivir en paz, libre de amenazas a su soberanía, de intervenciones externas y de medidas económicas destinadas a imponer cambios políticos mediante la coerción.
Exigimos:
El respeto a la soberanía y la autodeterminación de Cuba.
El levantamiento de las sanciones económicas y comerciales que afectan al pueblo cubano.
El rechazo al uso de Puerto Rico como plataforma militar para amenazar o intervenir en otros países del Caribe y América Latina.
El cumplimiento de los principios de no intervención y solución pacífica de controversias establecidos por el derecho internacional.
Una política de cooperación, solidaridad y respeto mutuo entre los pueblos de la región.
Instamos al pueblo de Puerto Rico a unirse en contra de la guerra, la militarización, la colonización y toda práctica autoritaria que amenace la seguridad, la dignidad y el bienestar de nuestros pueblos.
Afirmamos nuestra aspiración a un Caribe soberano, desmilitarizado, solidario e integrado; un Caribe donde los recursos de nuestros pueblos se utilicen para garantizar vivienda, salud, educación, energía y bienestar colectivo, y no para sostener proyectos de dominación o confrontación. Frente a las amenazas de guerra y al colonialismo, reafirmamos nuestro compromiso con la paz, la justicia y la autodeterminación de todos los pueblos caribeños.