Jonathan, 24 años: la Policía le tiró el carro encima y lo dejó quemándose debajo (Advertencia: imagen fuerte)

Frente al abanico oscilante, y desde la única posición en que puede acomodarse sobre la cama de su cuarto sencillo, Jonathan Marte Meléndez se muestra apacible, tranquilo. Pero, según va rememorando y contando lo que le pasó, en su mirada de 24 años se va colando la impaciencia por regresar: regresar a su trabajo en el valet parking del hotel, regresar a sus amistades, regresar a la vida independiente que llevaba hace apenas tres meses, antes de que todo cambiara drástica, perturbadoramente.

La noche del 20 de septiembre de 2019 Jonathan se retiró temprano del compartir con amigos porque al otro día tenía que trabajar. Era domingo y correr su motora era parte del paseo nocturno. Ya eran las diez y pico de la noche cuando iba camino a su casa en la comunidad de San José en San Juan. Venía desde Canóvanas por la PR#3 y decidió comerse una luz. "Esas motoras se las roban mucho y como uno no se siente seguro en las luces pues cometí el error de comerme la luz para no quedarme ahí a la intemperie, que me fueran a hacer algo", nos cuenta.  Una patrulla trató de detenerlo. Jonathan había salido sin la tablilla de la moto, porque se le estaba cayendo y prefirió dejarla para no perderla, en lo que corregía el problema. El joven de primera instancia no se detuvo  y la patrulla se le fue detrás. Cuando vio que lo estaban persiguiendo, Jonathan dice que intentaba detenerse pero los policías le tiraban la patrulla encima y tenía que volver a acelerar, por miedo. Poco después, volvía a intentarlo pero la patrulla de nuevo se pegaba peligrosamente. Otras patrullas también fueron apareciendo en la persecución y hacían lo mismo, pegándose demasiado. "Sabía que iba a coger un mal golpe si me paraba, por cómo ellos me estaban tirando el carro encima", nos contó. Así estuvieron un rato, hasta que Jonathan, sin muchas más opciones, tuvo que correr el riesgo de detenerse y, en efecto, ocurrió lo que él anticipó: los policías le tiraron una patrulla encima, impactando la motora. El muchacho se cayó al piso y, acto seguido, la patrulla le pasó literalmente por encima, dejándolo pillado entre la brea y la guagua de la Policía. El agente Carlos Coll Escudero manejaba la patrulla.

Mientras Jonathan se quemaba debajo del auto, escuchaba a los oficiales diciendo que el gato no servía, para levantar el auto y sacar al muchacho de allí. A los pocos minutos llegaron más patrullas. Él, perturbado por el dolor extremo que atravesaba y sin poder apenas respirar,  no recuerda cuántos autos de la Policía llegaron a la escena pero sí sabe que eran "muchos". Aún así, seguían diciendo lo mismo: que ninguno tenía un gato, y la vida de Jonathan peligrando debajo de aquel carro mientras se le quemaba todo el torso, la cara, los brazos. 

Una joven llegó a la escena y pedía a los oficiales que lo ayudaran y lo sacaran pero no hacían nada. No fue hasta unos 25 minutos después, que una grúa finalmente llegó, subió la guagua y los oficiales finalmente lo sacaron. Pero ya Jonathan tenía heridas, quemaduras y daños graves.

"Todo ese rato que estuve allá abajo suplicando que me sacaran de ahí, diciéndoles que me estaba quemando y no podía respirar, en ningún momento me dijeron siquiera 'tranquilo que viene una grúa', nada", dice Jonathan. "No recuerdo que me dijeran nada. Entre todos los policías que estaban allí, podían agarrar (la guagua) por la misma suspensión y subirla por el frente y me sacaban. Pero nada".

Oficiales de emergencias médicas lo transportaron a Centro Médico, donde fue ingresado a la Unidad de Intensivo. Jonathan sufrió quemaduras graves, una fractura en la pelvis, otra en el hombro y varios dientes rotos, entre otras heridas. Tuvo que ser operado varias veces, incluyendo intervenciones de injerto de piel en varias partes del cuerpo. Pasó un mes y un día en Centro Médico. El investigador de la Policía, Jonathan Avilés, acudió al hospital la madrugada de los hechos. Allí Flor, la madre de Jonathan, le mostró la tablilla de la motora. El oficial le insistía en que "no pensara en eso" (en que a su hijo le habían tirado un carro encima y lo habían dejado quemándose debajo). Le comentó que los agentes que persiguieron al joven pensaban que la motora era robada, lo cual no era cierto y, si lo fuera, tampoco justificaría tal acción. 

¿Negligencia o tortura? ¿Indolencia o castigo cruel?

El caso de Jonathan nos levanta todas las dudas por lo que podría ser más un caso de tortura o castigo cruel que de negligencia o indolencia policiaca.  ¿Qué es la tortura? Según la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, tortura es "todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia". 

Para Flor, la madre de Jonathan, los policías pensaron que su hijo era un "delincuente" y lo castigaron como suelen hacerlo, a pesar de que el trabajo de la Policía nunca es castigar.

Ante este caso tan lamentable, surgen muchas preguntas y dudas. En primer lugar:

  1. ¿Qué hace una patrulla de la Policía de Puerto Rico con un gato dañado?  

  2. Es realmente increíble que ni una sola de varias patrullas que llegaron a la escena tuviera un gato. Sencillamente, no lo creemos.  

  3. Aún si esto fuera cierto: ¿Los policías presentes no pudieron pedirle a cualquier persona que transitara por el lugar que se detuviera y prestara un gato, como medida de emergencia para salvar a una persona que se quemaba y cuya vida peligraba?

  4. ¿Por qué la Policía no mostró urgencia para salvar a Jonathan?

  5. ¿Por qué lo castigaron por cometer una falta administrativa? 

  6. ¿Quiénes investigarán estas acciones? ¿La propia Policía? ¿Qué cargos criminales se hubiesen presentado ya si los responsables no hubiesen sido agentes de la seguridad pública? 

El informe que escribió la Policía es muy distinto al relato de Jonathan. Según este, el joven supuestamente perdió el control del volante, se cayó y la patrulla lo chocó. "Yo no podía ni creerlo", dice Jonathan. "Diantre, qué mentirosos son. Creo que no negaron que me pasaron por encima porque la evidencia es demasiada. De milagro no dijeron que no me chocaron ni me pasaron por encima".

Según el informe de la Policía, "mientras el conductor del vehículo de motor #1 transitaba de manera temeraria, con grave menosprecio a la vida y negligentemente en dirección en la Carretera PR#3 jurisdicción de Carolina, y al llegar al Kilómetro 8.5 y tomar la salida de la PR 26, que es una curva cuesta arriba, pierde control y dominio del volante dando lugar a que cayera en el pavimento. Acto seguido, el vehículo #2 impacta con la parte frontal a la parte lateral derecha del vehículo de motor #1, el cual se encontraba en el pavimento y, sucesivamente, arrolla a su conductor, quedando este pillado debajo del vehículo de motor #2". 

El trabajo de la Policía no es torturarnos. Tampoco es castigarnos. Ningún policía puede impartir un castigo, ni siquiera porque una persona esté cometiendo una falta administrativa o incluso un delito. El rol de la Policía es actuar como primer eslabón de un proceso administrativo o de justicia que culmine en la rendición de cuentas de la persona en el caso de que se haya cometido alguna falta o delito. Los castigos a una persona que presenta una falta administrativa como es comerse una luz, son por lo general multas. En el caso de alguien que delinque, el castigo solo lo puede establecer un juez, después de un debido proceso de ley. En Puerto Rico, estos castigos nunca incluyen violencia física. 

Si es estrictamente necesario utilizar la fuerza en una intervención, la Policía está obligada a hacerlo de forma:  

           1. Razonable

           2. Proporcional  

           3. Escalonada

¿Qué exigimos?

  1. Investigaciones administrativas y criminales independientes sobre toda conducta delictiva e impropia de parte de agentes a cargo de la seguridad pública. Las investigaciones administrativas debe llevarlas a cabo una entidad autónoma de la Policía con amplia participación ciudadana y peritaje técnico, como ocurre en cientos de ciudades y países en todo el mundo. Las investigaciones criminales debe efectuarlas una fiscalía especial para delitos de funcionarios de seguridad pública.

  2. Que se presenten cargos criminales a los agentes que abusan de la fuerza, violan las políticas constitucionales de la agencia, ejecutan castigos ilegales contra la ciudadanía y exhiben negligencia crasa en el desempeño de sus funciones.

  3. Mecanismos confiables y transparentes de rendición de cuentas, tanto a nivel interno en la Policía como externo.

  4. Transparencia absoluta en la información. 

  5. Procesos independientes y rigurosos de supervisión del uso de fuerza en la Policía de Puerto Rico.

Kilómetro Cero aspira a un Puerto Rico en el que el Estado proteja la vida humana, las libertades y la dignidad en la búsqueda de la seguridad pública, al servicio de una sociedad más democrática, saludable y justa.

Comparte esta historia en tus redes y exijamos justicia y rendición de cuentas en el uso de fuerza del Estado contra la gente. 


¡EL TRABAJO DE LA POLICÍA NO ES TORTURARNOS NI CASTIGARNOS!

#AgitaYTransforma #OjoALaPolicía